Comienzo de temporada de la obra de teatro “Ningún hombre es una isla” de José Tomás Angola

El año es 1959. El lugar, la finca Vigía en Cuba, propiedad de Ernest Hemingway. Una mañana tormentosa, durante la época de huracanes tropicales del Caribe, es el telón ideal para “NINGÚN HOMBRE ES UNA ISLA”, un drama que se sirve del gran escritor estadounidense, y su esposa Mary, para que José Tomás Angola (Caracas, 1967) reflexione sobre algunas de sus preocupaciones artísticas, motivos de creación que ya ha explorado no solo en el teatro, sino en la poesía y la narrativa.
“Hemingway siempre ha sido una figura fascinante para mí”, nos comenta Angola. “Un autor atormentado por demonios de su niñez, que siempre quiso hacer de su propia vida, su mejor obra. El que hubiese pasado toda su existencia demostrando lo valiente y rudo que era, solo ocultaba lo cobarde y débil que se sentía. En sus novelas, el protagonista masculino siempre es una suerte de alter ego de él mismo. Haciendo lo que él nunca hizo: inmolarse por un ideal en la guerra civil española, como en Por quién doblan las campanas. O luchar estoicamente contra la vejez y la muerte, simbolizado por aquel enorme pez, en El viejo y el mar. Hemingway más allá de su estampa más grande que la vida misma, es un enigma.”

El argumento de la obra nos revela a un Papa Hemingway en el ocaso de sus días, vencido por el alcoholismo, delirante, lleno de culpas, miedos y dudas. Frustrado por su imposibilidad de escribir, y perseguido por el fantasma del suicidio.

 “La pieza ocurre en dos planos, uno real y naturalista, en su finca de Cuba, y otro en su fantasía, en el delirio por el alcohol y la neurosis. Todo en un mismo tiempo, el día que la tormenta tropical Grace azotó la isla. Me parecía un tropo perfecto pues su madre, con la que tuvo una relación de amor/odio, se llamaba justamente Grace.  La obra es una excusa, una alegoría de lo que es la creación, la ficción como remedo de la realidad.”

Pero si en esa realidad los personajes de Ernest y Mary Hemingway actúan desde el conflicto producto del licor y la impotencia que aquejan al hombre, en el delirio sus demonios son otros: la inminencia de la muerte y el valor que se debe tener para cruzar con dignidad ese portal simbolizado por el puente que debe dinamitar Robert Jordan en Por quién doblan las campanas.

 “Hemingway, reitera Angola,  fue un suicida perpetuo.   Su manera de beber sin freno y con episodios de delirium tremens que casi lo mataron, su fascinación por la caza, el acto puro de matar, y las armas, los vehículos de la muerte; sus relaciones afectivas destructivas y masoquistas, componen el cuadro de un hombre profundamente romántico, como del siglo XIX. Morbosamente cercano a la mortalidad. En eso me siento reflejado. Pues para mí toda la creación se resume a dos único temas: la muerte y el amor. Eros y Tánatos que los griegos ya propusieron hace tantos siglos.”

Con José Tomás Angola, que hace el papel de Papa Hemingway, también interpretan José Manuel Vieira, reconocido actor, locutor y actor de doblaje de fama internacional, Premio Municipal de Teatro en el 2001, incorporando el rol de Robert Jordan, el protagonista de Por quién doblan las campanas. Vieira es una pieza fundamental de La Máquina Teatro pues es uno de sus fundadores. Angola y él son los únicos miembros originales que quedan en Venezuela de la agrupación que este 2018 cumplirá 23 años. 

Angola apunta: “Robert Jordan es una ilusión en la mente delirante de Hemingway. Lo escogí porque la trama de Por quién doblan las campanasme luce muy parecida a este presente agónico venezolano. Sin duda es la novela de Ernest que más crudeza destila y por eso me gusta tanto. Además el personaje de Jordan es la mayor recreación de sí mismo que emprendiera en su narrativa.”

Andrea Miartus tiene el difícil reto de incorporar un doble rol: a Mary Hemingway y a María, la protagonista femenina de Por quién doblan las campanas.

 “Me gusta el teatro de muy buena factura técnica. Actores con estupenda dicción e impostación.   Cuando se incorporan personajes clásicos o universales, no se puede permitir tener acento venezolano, nuestro típico sonsonete caribeño.    Andrea tiene una voz hermosa y gran ductilidad escénica. Estudió en el Lee Strasberg Institute en Nueva York, y en Venezuela ha trabajado con Luigi Sciamanna entre otros.  La lectura que hace de los dos roles y su compromiso con ellos es admirable.  A pesar de que no se estila en nuestro teatro períodos de ensayo tan largos, ha estado con nosotros los casi 5 meses de trabajo que llevamos.  Estoy seguro de que será una gran sorpresa para muchos espectadores que no la conocen.  Además era una exigencia que la misma actriz hiciera los dos roles: Mary Hemingway, con sus 40 años, y María con sus 20. Esta replicación de personalidades, construida desde la diferenciación interna y externa de los personajes, es parte del juego que propongo entre realidad y ficción que me interesa revisar como dramaturgo.” Andrea Miartus es además hoy en día la voz de la emisora radial Kys FM.

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