Cómo el Levantamiento de Varsovia desafió y cambió Polonia

“En el verano de 1944, los ejércitos nazi y soviético se preparaban para una terrible y sangrienta batalla aquí en Varsovia. En medio de ese infierno en la tierra, los ciudadanos de Polonia se levantaron para defender su patria.”

Con estas palabras, el presidente Donald Trump, hablando en Varsovia frente al impresionante monumento al Levantamiento de Varsovia de 1944, trajo el centro de atención del mundo a un evento que durante demasiado tiempo ha sido relegado a una nota de pie de página en la historia occidental.

En el caluroso verano de 1944, el Reich alemán nazi, que había extendido la destrucción a través del continente europeo, estaba de huida.

En el oeste, las fuerzas estadounidenses, británicas y canadienses, apoyadas por aviadores polacos, marinos y otras fuerzas aliadas, se establecieron en Normandía y comenzaron la lucha para liberar a Francia.

En el sur, los aliados habían liberado a Roma después de la batalla de Monte Cassino, que fue capturada por los soldados del II Cuerpo polaco.

Y en el este, el enorme ejército soviético había cruzado la frontera polaca de antes de la guerra mientras empujaba a las quebradas fuerzas alemanas hacia Berlín.

En este punto, Polonia, que había sido el primer país en resistir la Alemania nazi en 1939, había sufrido cerca de cinco años de brutal ocupación y terror. Además, Polonia sufrió lo que pocas otras naciones europeas experimentaron, la ocupación dual por la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Entre 1939 y 1941, la Unión Soviética y la Alemania nazi emprendieron acciones conjuntas, como se esboza en el Pacto Molotov-Ribbentrop, y colaboraron en la invasión y subyugación de Polonia, hecho ahora ignorado por los funcionarios rusos.

Esta experiencia enseñó a los líderes y a las élites militares de Polonia una lección importante que Occidente aprendería por sí mismos demasiado pronto: el Ejército Rojo llevaba consigo un conjunto de principios y creencias incompatibles con los valores grecorromanos arraigados en la civilización occidental. Los polacos sabían que aunque el reino de la plaga nazi estaba llegando a su fin, sería reemplazado por algo igualmente siniestro.

Así, en 1944, en un decidido -aunque peligroso- esfuerzo, el Estado Polaco Clandestino y el Ejército Nacional decidieron lanzar un levantamiento. El Ejército Nacional era una de las organizaciones clandestinas más grandes de Europa, y era leal al Gobierno Polaco en el Exilio en Londres. A medida que las fuerzas alemanas se alejaban apresuradamente de Varsovia, y los primeros tanques soviéticos eran vistos a lo largo de las afueras de la capital polaca, el Estado Polaco Clandestino y el Ejército Nacional, ligeramente armados pero muy determinados, se levantaron para liberar Varsovia.

Lo que siguió a continuación fue una heroica lucha por la libertad contra todo pronóstico.

Durante los siguientes sesenta y tres días, los insurgentes polacos lucharon contra los alemanes, y liberaron franjas de la capital polaca. Sin embargo, iba a ser en vano.

Como explicó el Presidente Trump: “Del otro lado del río, las fuerzas armadas soviéticas se detuvieron y esperaron. Observaron cómo los nazis destruyeron despiadadamente la ciudad, asesinando viciosamente a hombres, mujeres y niños. Trataron de destruir a esta nación para siempre rompiendo su voluntad para sobrevivir”.

La estrategia polaca había sido tomar rápidamente el mando de la capital entre la retirada alemana y antes del avance ruso. Esta acción permitiría a las fuerzas polacas ser dueñas de su propio hogar y, como se creía, impedirían la amenaza soviética a la soberanía polaca.

Sin embargo, con la ofensiva soviética esperando, además de que Stalin no permitió a los aviones estadounidenses y británicos aterrizar en territorio polaco soviético para abastecerse de combustible, inhibiendo así suficiente ayuda occidental para llegar a los combatientes de Varsovia, los alemanes fueron libres para aplastar metódica y brutalmente el Levantamiento de Varsovia.

 Durante días los alemanes se fueron bloque por bloque en el barrio Wola de Varsovia, exterminando a todos los hombres, mujeres y niños que encontraban. Cuarenta mil a cincuenta mil personas murieron en una semana durante la masacre de Wola. Luego, el casco antiguo de Polonia fue rodeado y golpeado por bombardeos hasta que apenas un edificio quedó de pie. Tales acciones continuaron durante sesenta y tres días, la ciudad se convirtió en un mar de ruinas, y un cuarto de millón de civiles y luchadores polacos murieron.

¿Para qué fue todo? ¿Por qué luchó el ejército polaco?

Por la libertad. Por un futuro mejor en el que una Polonia independiente volvería a levantarse con orgullo.

Pero lo más importante es que lucharon por los valores, por la creencia en un mayor conjunto de ideales, incluyendo el pluralismo, la libertad y la justicia. Estos valores que la guerra enseñó a los polacos sólo podían ser protegidos por un Estado-nación fuerte y un ejército compacto. Estos eran valores que se sabían ajenos en la Unión Soviética -la misma Unión Soviética que fue responsable de la deportación de más de un millón de civiles polacos inocentes a gulags en Siberia. Esta Unión Soviética fue responsable de ejecutar veinte mil oficiales polacos y prisioneros de guerra simplemente por el uniforme que usaban. Esta Unión Soviética intentó forzar la propagación de la Revolución Bolchevique en toda Europa en 1920, pero fue detenida en Varsovia.

Los polacos sabían que la civilización occidental terminaba en su frontera oriental, y con ella el respeto por los valores, las tradiciones y las creencias occidentales.

Por lo tanto, hoy, en el setenta y tres aniversario del Levantamiento de Varsovia, detengámonos para recordar a los que defendieron a Polonia y nuestros valores occidentales, entre ellos Julian Kulski, que era sólo un adolescente cuando tomó las armas en el Levantamiento de Varsovia, la difunta Zofia Korbonska, una heroica operadora de radio que informó al mundo exterior sobre las atrocidades nazis, y Barbara Syska, que sirvió como mensajero durante el Levantamiento, corriendo valientemente entre unidades para pasar órdenes. Todos estos individuos, que más tarde se establecieron cerca de Washington, DC, encarnan el ethos de la nación polaca.

Hoy en día, los polacos llevan la memoria de los heroicos combatientes del Levantamiento de Varsovia, no sólo inclinando la cabeza el 1 de agosto, sino también trabajando todos los días para defender los valores por los que lucharon. Desde el reparto de la carga en la alianza de la OTAN hasta el servicio en todo el mundo donde la libertad está amenazada, Polonia sigue comprometida con sus valores fundamentales.

Así como en 1944, cuando Polonia se opuso a la tiranía, también hoy Polonia se opone a la tiranía del Estado Islámico, y ayuda a otros países, como Ucrania, a mantenerse firmes frente a la tiranía. Los polacos deben mantener viva la memoria de 1944 para que estas valiosas lecciones no se olviden.

En palabras del Presidente Trump, “Los recuerdos de los que perecieron en el Levantamiento de Varsovia… nos recuerdan que Occidente se salvó con la sangre de los patriotas. Que cada generación debe levantarse y desempeñar su papel en su defensa – y que cada metro de tierra, y hasta el último centímetro de civilización, vale la pena defenderlos con la vida”.

Que su memoria siempre esté con nosotros.

Piotr Wilczek fue nombrado embajador de la República de Polonia en los Estados Unidos y las Bahamas en 2016. Es un notable autor, traductor literario y experto en literatura comparada que ha escrito o editado más de veinte libros. Antes de ser nombrado embajador, se desempeñó como profesor y director del programa de estudios de doctorado en el Colegio de Artes Liberales de la Universidad de Varsovia y anteriormente se desempeñó como jefe del Colegio.

Embajador Piotr Wilczek

Cortesía: Embajada de Polonia en Caracas

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